Entre las noticias de toda naturaleza que se dan en esta época convulsionada por avatares políticos, culturales, económicos e institucionales y que por lo general no son gratas ni buenas para el ciudadano, viene a sorprendernos ahora el insólito recordatorio al grupo Montoneros, emplazado por el kirchnerismo en nuestro mayor monumento histórico, la Casa de la Independencia, lo que provocó la indignación popular de los tucumanos, que se expresó espontáneamente en la noche del domingo. La sorpresa lleva a preguntarnos cómo se hizo esto y por qué fue permitido. Se nos contesta, en voz de la directora del emblemático museo, que se trata de arte y que debemos interpretar la esencia artística allí plasmada. Quizás no somos expertos en arte, es verdad, ya que lo pensamos como algo bello, singular y/o impactante que dice algo a nuestro espíritu, a nuestra sensibilidad, que está ligado a los sentimientos a vivencias profundas, a la espiritualidad y sobre todo a la belleza estética; pero esto no parece arte, sino un anuncio político que quiere reivindicar un acto de vandalismo cometido por los Montoneros en 1971, cuando penetraron en el recinto histórico para pintar con enormes caracteres, su nombre y su símbolo. Escuchando a la directora, expresa que no fue un homenaje ni exaltación a la violencia, lejos de ellos de tales intenciones, que, en suma, es historia; sin embargo tales temas traen malestar, discusión, dolor y división, y consideramos que nuestra Casa no es escenario apropiado para tales controversias. Nuestro Solar Histórico es sagrado para nosotros. Hay muchos espacios culturales donde pueden llevar y apreciar la “obra de arte” y así lo exigimos a las autoridades de la Provincia y de la Nación, en cuya jurisdicción está el monumento. No queremos ni admitimos que esté en nuestra Casa Histórica, donde los próceres de 1816, en la pequeña Tucumán, con nobleza, sacrificios y amor a la patria forjaron los duros caminos de nuestra gloriosa independencia.

Marta Rojas de Flores


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